Cuando estudié Ingeniería Comercial, con mención en economía, jamás pensé que terminaría tan cerca del área de ventas. Y no porque hoy venda directamente, sino porque terminé en un rol que vive muy cerca del mundo comercial, pero desde otro ángulo: números, procesos, fricciones, proyecciones. Y aunque al principio creí que nada de esto tenía relación con economía, con el tiempo entendí que estaba completamente equivocado.
En las startups de IA hay un mito que aparece más de lo que debería: la idea de que un producto extraordinario “se vende solo”. Suena lindo, más aún en un ambiente donde cada semana nace una herramienta nueva que busca cambiarlo todo.
Pero esa idea es peligrosa (y errónea).
Cuando se cree que la tecnología basta, se descuida lo esencial, como tener procesos claros o incentivos bien definidos. Y es justamente ahí donde mi formación volvió a encajar. Economía es, al final, aprender a pensar con supuestos y también aprender a desconfiar de conclusiones rápidas, sobre todo cuando la muestra es chica o la variabilidad es alta.
Por eso, el trabajo detrás de la operación comercial termina pareciéndose más a una investigación económica que a un proceso de ventas tradicional. Hay que entender dónde se pierde valor, qué frena al usuario y qué decisiones son demasiado frágiles como para tomarlas en serio.
Y sí, implica ordenar datos, iterar, corregir y revisar procesos que casi nadie ve. Pero ahí es donde realmente se sostiene el crecimiento.
Aun así, mucha gente sigue creyendo que el área comercial es pura simpatía y buen pitch. Como si bastara con caerle bien al cliente o con tener un producto increíble.
La verdad es otra. Si no medimos, si no cuestionamos las variaciones, si no identificamos sesgos a tiempo, terminamos construyendo sobre datos débiles. Y esas burbujas siempre terminan reventando.
Cuando miro hacia atrás, hace sentido haber terminado en este cruce entre startup, datos, ventas e IA. Es un espacio exigente, dinámico y lleno de incertidumbre, pero también tremendamente creativo. Donde es clave entender que vender mezcla habilidades humanas con disciplina analítica.
Así que la invitación queda hecha. Cuestiona siempre los procesos, mide lo que haces, revisa tus supuestos, limpia tus datos y no le temas a mirar los números con espíritu crítico. Porque ningún producto o servicio se vende solo; y lo que no se mide, no se mejora.
Y en un entorno tan cambiante como la IA, mejorar es la única forma de avanzar. Y eso en el equipo comercial lo tenemos claro.
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