Vambe Reads - Noticias, Mundo, Ciencia y Más

Buscar artículos

Search for a command to run...

panda nico
Opinión

De los tropiezos nacen los caminos

Los famosos “errores”, que tanto nos disgustan, son los que más nos enseñan.

Nicolás Camhi

Nicolás Camhi

9 de enero de 2026 • 6 min

Hay veces en que la percepción del tiempo puede ser extraña. Los días se van volando, no te das cuenta y ya se puso el sol; pero, al mismo tiempo, miras hacia atrás y ves todas las cosas que han pasado, y cuesta creer que todo eso haya sucedido en solo un año.

Creo que lo anterior ocurre cuando uno vive la vida con propósito y con un sentido de urgencia que te saca de la cama mejor que cualquier café.

En el libro El alquimista, de Paulo Coelho, dicen que la mentira más grande del mundo es: “Que estamos destinados a perder el control de nuestras vidas y que no podemos cambiar nuestro destino”. Y estoy muy de acuerdo con esto.

Para cerrar el 2025, me parece bonito hacer algunas reflexiones y aprendizajes que vivimos en Vambe y que a otros les pueden servir, además de algunas buenas prácticas que suelo hacer en estos periodos de reflexión y cambios. Cuando uno reflexiona, planifica y ejecuta, puede tomar control y cambiar su destino.

Ahora, vamos al grano. Lo que más nos ayuda a mejorar es mirar esas cosas que no salieron muy bien. Los famosos “errores”, que tanto nos disgustan, son los que más nos enseñan. Por eso comparto algunos de esos.

El primer error que cometimos este año fue poner mal las metas, y no por el número elegido. Uno siempre tiene que ser sobreexigente e incluso no tan realista con las metas, desde mi perspectiva. No está mal apuntar a la luna, pero en lo que fallamos fue en que estas metas, al ser tan agresivas, nos sesgaron un poco de lo importante: del propósito que hay detrás, del porqué. Nos volvimos locos con un número, cuando en verdad debimos habernos vuelto locos con nuestro propósito como compañía y lo que de verdad nos mueve.

Otro tropezón fue que actuamos muchas veces de forma atrabancada. Con esto me refiero a que, por el ímpetu de hacer cosas, cambiar y movernos rápido, nos equivocamos en más ocasiones de las que me hubiese gustado. El espíritu de una startup es la agilidad, la agresividad y la ejecución; no tenemos muchos datos ni mucho historial como para tomar decisiones con la máxima información y contexto. Es necesario confiar en la intuición, pero eso no quita que uno deba tener algunas metodologías para decidir y apoyarse en personas que han visto cosas similares antes, para ir minimizando estos errores.

Otro aspecto importante que nos costó fue aprender bien quién era nuestro cliente ideal. A principios de año salimos a cazar con escopeta, disparando a todos lados, y sí, tuvimos resultados espectaculares porque nos movimos rápido y nos fuimos adaptando en el camino, pero tuvo su costo y su desgaste, sin dudas. Hoy aprendimos que es mejor ser especialistas e ir avanzando de a poco en los segmentos donde más podemos aportar valor, e ir expandiendo eso poco a poco. 

La obsesión por la experiencia del cliente es algo que, sin lugar a dudas, hace que una compañía llegue lejos y persista en el tiempo. Si esto se pierde de vista, en algún punto todo el sistema colapsa. Recordemos que lo que hacemos siempre lo hacemos por nuestros clientes, y ellos tienen que estar felices.

Ahora, hablando un poco sobre algunos rituales que me gustan mucho y que, inconscientemente, siempre hice —desde el colegio—, está escribir y reflexionar sobre el año que pasó para planificar el año que viene. Recomiendo hacer esto a nivel personal y a nivel empresarial. Para las empresas es algo básico: offsites y planificación estratégica… No solo son de las cosas más entretenidas para hacer en la compañía, sino que también entregan una guía de lo que se debe ejecutar el año que está por venir. La forma en que gobiernas tu empresa no debiera ser muy distinta de cómo manejas tu vida personal, desde mi perspectiva.

El sistema que uso todos los años se ve así: Tengo siempre un Word abierto con miles de notas y subcarpetas; lo uso todos los días para anotar ideas, minutas de reuniones o reflexiones personales. Lo que hice fue pasarlo a Gemini y pedirle algunos insights clave.

A mano me gusta escribir en una libreta cómo me siento en este minuto, qué cosas creo que salieron bien durante el año y qué cosas creo que no salieron muy bien.

Luego agrego cómo puedo mejorar en los aspectos donde no anduve muy bien, con un plan concreto en caso de que sean cosas realmente prioritarias para el 2026. Recordemos que “less is more” en este caso.

Una vez que pude darme el tiempo de pensar en lo que pasó durante el año, me doy el tiempo de contrastar esto con las metas que me planteé a principio de año y que revisé a mitad de año para ajustar algunas cosas. Veo si las cumplí y, en caso de que no, por qué no.

Y ahora viene la parte más importante: darte cuenta de si esas metas que tú mismo te habías propuesto realmente te hacen feliz y te acercan a tus objetivos de largo plazo. Con ello, fijar las metas y compromisos del año que viene.

Como dice Paulo Coelho en su librazo El alquimista, nuestro destino está en nuestras manos, y cuando uno se vuelve un ser reflexivo y usa su memoria y capacidades para aprender de los comportamientos pasados, podemos modelar un mejor futuro para nosotros y quienes nos rodean.

Mi intención con este escrito es compartir algo de esto con ustedes, prácticas que a mí me sirven y algunos aprendizajes del año, para que quienes no han metido la pata todavía en esas cosas puedan ahorrarse algunas caídas.

Quiero cerrar dándole las gracias a todos los que nos han acompañado en estas lecturas, a nuestros clientes, amigos y equipo por vivir este tremendo año con nosotros. Quiero desearles un tremendo 2026. Estoy muy confiado de que será un gran año para Chile y para el mundo, donde seguiremos viendo una transformación tecnológica y avances agigantados en muchos vectores. Enjoy the ride.

CultureOPINION

¿Te gustó este artículo? Compártelo con tus amigos