OpenAI y Nvidia sellaron una inversión histórica de 100 mil millones de dólares para construir la infraestructura de IA más grande de la historia.
Hablamos de una capacidad de 10 gigavatios (lo que consume São Paulo entero en su momento peak) con millones de GPUs, exclusivamente para entrenar modelos que buscarán superar nuestras habilidades cognitivas.
La advertencia de Geoffrey Hinton cobra más sentido cada día: "¿Quieres saber cómo se siente no ser la inteligencia dominante en el mundo? pregúntale a un pollo… :)"
Independiente de las teorías de nuestro padrino, el Foro Económico Mundial, proyecta que para 2030 se crearán 170 millones de empleos, se perderán 92 millones, logrando una ganancia neta de 78 millones de trabajos. Aún seguimos ganando con la llegada de la IA.
Mientras Occidente consolida alianzas corporativas, China juega su propia partida. Anunció la Alianza de Código Abierto
China–ASEAN y el Centro de Cooperación en Innovación, buscando construir un ecosistema tecnológico propio junto a los países del Sudeste Asiático.
La iniciativa incluye modelos open-source, programas de talento "IA+" y fondos destinados a impulsar la comercialización de proyectos con inteligencia artificial.
Con esto, China acelera el desarrollo de chips domésticos y fortalece sus modelos locales, como DeepSeek y Zhipu AI, reafirmando su apuesta por la autonomía tecnológica regional.
Septiembre fue un recordatorio de que la carrera por el futuro no es solo entre empresas, sino entre potencias que buscan dominar la próxima era de la IA.
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